Me gusta cuando lo haces

gusta mirarte hacerlo,
levantarte día a día,
adivinar lo que sientes,
como te desenredas
y como te vuelves a enredar.

Me gusta que te encuentres
y que entre manos,
lleves sueños por cumplir.

Me gusta verte crecer,
soltarte, desmoldarte.

Me gusta verte encender ciudades, llenarlas de luz,
de ritmos incesantes.

Me gusta cuando te equivocas
y en el camino lo reconoces,
cuando te quieres,
cuando te cuidas,
cuando sabes que fue suficiente.

Me gusta verte brillar,
y saber los trucos,
con los que burlas a la suerte.

Sentarte en tu trono,
y bajarte, descalza,
unas cien veces.

Me gustas,
cuando no te gustas,
ya con eso
es mucha suerte.

Para quien la lea.

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Gárgola

Sucedió hace miles de años, una noche oscura y pesada.

De un angel poderoso, protector de los humanos y de una mujer hermosa y valiente, nació un niño, mitad hombre, mitad ángel. En aquellos tiempos era bien sabido que entre ángeles y humanos no debía existir otra relación que no fuera protector y protegido.

Esto respondía a una situación real y era porque este niño era un nefilin, es decir, un hijo nacido de un ángel con una mujer.

Era un gigante y su vida era una mezcla de virtud celestial con maldad humana, sus poderes lo hacían incontrolable y su maldad era palpable y por consiguiente reconocida.

Tenía pasos grandes y rudos como zancadas, llegó a medir nueve codos de longitud, por cinco de anchura, él no solo era importante por su belleza incomparable, sino también por su maldad, sobrevivió entre los otros como él, su arte para la guerra lo hizo vencer a la muerte, que se llevó a todos los nefilines en el diluvio.

Estuvo cientos de años recorriendo el mundo, dejando a su paso horror y violencia.

Se sabía poderoso y su crueldad no tenía medida, decían que una noche en particular retumbaban sus pasos por las calles empredradas de París, cuentan que sacaba el ojo izquierdo de sus víctimas, y se los comía, obligandolas a mirarlo con el ojo que les quedaba.

Rápidamente la gente estaba aterrorizada, dicen que su comportamiento se debía a que sentía celos por no ser mortal, de alguna torcida manera sabía que estaba condenado, por lo que desarrolló una fobia inclemente a las personas, al verlas, sus manos sudaban y su respiración, se aceleraba dentro de su gigante cuerpo.

Una llama inundaba su torrente sanguíneo, el rechazo que sentían hacía él, se fundaba en su maldad sin motivo, llevándolo a alejarse de todos y al mismo tiempo tornandolo sediento de muerte.

Hubo un día en el que sus pasos ya no sonaron, porque ante él, llego una mujer de armadura plateada, brillaba incandescentemente, con surcos profundos y golpes en su pechera, muestra fiel y viva de haber librado muchas batallas anteriores, en su espalda, arco y flechas perfectamente afiladas, aunque pequeña, su tamaño no le restaba prestancia, de hecho, una actitud de grandeza los hacía mirarse a los ojos aún con la marcada diferencia de estaturas.

-Sabes que llevas muchas almas en tu haber, más de las que tu memoria pueda contar, tú eres su deudor y yo vine a cobrar – Dijo la mujer.

-Nadie más puede morir en tús manos, yó, soy la protectora de todo los que ves andando, la muerte llegará en su momento para cada quién, nunca más serás tú quien les diga hasta cuando-.

-Si haces lo que digo tu muerte llegará esta noche y será tú final en este paso-.

-Sino cumples estarás vivo en piedra mirando tu fobia eternamente.

-Mi nombre es Jeanne y a mí responderas por tu maldad-. Y así culminó.

Ella se fué, y él no pudo reaccionar, supo que algo era real.

Esa noche una muerte y una condena eterna, hoy esta mirando fijo a la entrada de la catedral, ha visto su fobia florecer, al tener que ver el horror y la gracia del ser humano, ha visto grandes guerras y a dos niños peleando, ha visto bodas, bautizos y rituales y aún sigue allí, una piedra inmóvil pero viva, contenida y condenada, toda la fuerza que lo había llevado a sobrevivir, terminó condenandolo, a vivir deseándola.

Eres hoy una gárgola gris, pendiente de un risco en la catedral de Notre Dame,

En donde siempre hay gente, mucha gente.

Hacen falta libros con historias de mujer

Aquí hay algo que anda mal, ¿por qué en los libros importantes

y en todos los demás faltan páginas y temas, faltan voces por escuchar?

¿Dónde estan ellas?,
estoy buscando ese lugar
en el que todas las mujeres
dejaron semillas germinar.

Las científicas, descubridoras,
las brujas y guerreras de mar,
las valientes próceres,
las mujeres verdad.

Una historia incompleta
es la que nos quieren contar,
pero estoy viva, despierta,
con ganas y hambre de más.

Faltan pinturas que colgar,
libros e historias que quieran contar
que también somos protagonistas,
que también supimos luchar.

Somos más que musas, poéticas y en colores, guerreras, imperfectas pero llenas de valores.

No es una celebración, no estamos esperando flores… Porque lo nuestro es primavera, y quemamos como soles.

Por las que se quemaron en la hoguera,

Por las que se quemaron en la fábrica,

Por las que se queman a diario,

Por las que hoy no están para contarlo,

Somos historia viva, reinas, esclavas y rosarios; esta historia se reescribe, cada vez que una levanta la mano.

En mi sala hay paredes
y huecos en los estantes,
son de ustedes, de nosotras,
¡Mientras al menos una aguante!

Ganadores sin trofeo

Mis heridas son historias en braile mientras me tocas las descubres,
mientras las descubres te cuento:

Soy del aire y del viento
puedo decir verdades,
puedo quedarme en silencio

Soy una historia cruda
que necesita remiendos
muchas hojas en blanco
dolores y comienzos

Puedo intuirte, saberte, amarte

No le temo al quererte
pues ya he querido bastante

Siempre salgo ganadora
aunque no me lleve el trofeo
mis ganancias son internas
de valor y de tiempo

Tocame las heridas
derribemos el monumento
verás como florecen
y como nos volvemos viejos

Yo lameré las tuyas
que hace tiempo nos conocemos

Buscaré tu color, tus espacios y tu tiempo

Y seremos grandes o pequeños,
protagonistas o terceros

Pero si algo que seremos
es el amor verdadero